Torres Piña: El poder en tiempos de crisis.
No es una afirmación al aire, ni un elogio adelantado, es la lectura fría y al mismo tiempo profunda de los números, del contexto y del momento político que vive Michoacán.
Por: Francisco Pérez-Ayala
A partir de la encuesta estatal levantada en Michoacán del 7 al 17 de diciembre de 2025, con una muestra de 1,000 entrevistas cara a cara y grupos focales, hay un dato que no admite regateo político: Carlos Torres Piña hoy es el perfil más poderoso y competitivo rumbo a la gubernatura
No es una afirmación al aire, ni un elogio adelantado, es la lectura fría y al mismo tiempo profunda de los números, del contexto y del momento político que vive Michoacán.
Torres Piña: el poder no siempre grita, se consolida
En la pregunta clave “¿A quién le gustaría que fuera el candidato de Morena a la gubernatura?” Carlos Torres Piña encabeza las preferencias con 22%, superando con claridad a Raúl Morón (9%), Fabiola Alanís (10%), Gabriela Molina (11%) y Gladys Butanda (15%)
Ese dato, por sí solo, ya marca una tendencia interna, pero lo verdaderamente relevante es lo que ocurre cuando el nombre de Torres Piña sale del ámbito partidista y entra al escenario electoral real.
En los careos directos, Torres Piña alcanza 39% de intención de voto, muy por encima de Alfonso Martínez Alcázar (14%), Carlos Herrera (7%), Memo Valencia (7%) y una eventual candidatura independiente (20%) Ningún otro perfil de Morena logra ese nivel de contundencia frente a la oposición.
Ahí no hay interpretación posible: es el único que rebasa con holgura el umbral del 35%, cifra que en contextos fragmentados como el actual suele ser sinónimo de victoria.
El contexto lo favorece: Morena fuerte, oposición débil
El segundo factor que explica el ascenso de Torres Piña es el ecosistema político. Morena no sólo lidera la intención de voto por partido con 31.4%, sino que además es percibido como el partido que gobierna mejor y el que debería seguir gobernando el estado (37%)
En contraste, PAN, PRI y PRD arrastran diferenciales negativos profundos en opinión pública, algunos de hasta -51% como el caso del PRI, o el 35.4 del PT, lo que los coloca en una posición estructuralmente defensiva.
Pero atención: el mérito de Torres Piña no es únicamente montarse en la ola guinda. Otros perfiles de Morena no alcanzan sus números. Eso indica algo más fino: capacidad de sumar más allá del voto duro, especialmente en un estado donde 42.3% de los ciudadanos dice no sentirse cercano a ningún partido
Continuidad sin desgaste: el activo silencioso
La encuesta también revela un dato clave: pese al clima nacional, el gobernador Alfredo Ramírez Bedolla mantiene una evaluación promedio de 40.6 en los 16 factores mostrados por la encuesta con reconocimiento en transparencia, obras, apoyo a mujeres y honestidad
El focus group lo resume con una frase demoledora: “El gober no es la bronca”.
En política, eso se traduce así: hay espacio para la continuidad, pero no para la improvisación, y Torres Piña aparece como el perfil que mejor encarna continuidad con operación, sin cargar con el desgaste directo del Ejecutivo, y con una forma de actuar distinta pero sin romper con el proyecto.
Poder real, no de coyuntura
El poder político verdadero no siempre es el más estridente ni el más mediático, a veces es el que logra concentrar aceptación partidista, viabilidad electoral y ausencia de rechazo social.
Hoy, según los datos, Carlos Torres Piña cumple con esas tres variables.
A Carlos Torres Piña le ha favorecido, y mucho, la forma inmediata y frontal con la que ha respondido a crisis sociales y políticas de alto impacto, en un contexto donde la ciudadanía exige respuestas, no discursos.
A Torres Piña no se le ve mucho en medios, pero sale cuando debe informar algo como fiscal, como las detenciones derivadas del homicidio de Carlos Manzo, las cuales enviaron un mensaje claro de autoridad, coordinación institucional y voluntad política para enfrentar hechos que sacudieron a la opinión pública.
A ello se suma la actuación inmediata frente al caso del vehículo con explosivos en Coahuayana, donde la reacción oportuna, el control del daño y la atención directa al problema evitaron que el miedo se instalara como narrativa dominante, siendo la investigación dirigida por el fiscal michoacano, la que el secretario Harfuch y la presidencia de la república destacaron como versión oficial y única de lo ocurrido.
En un estado marcado por episodios de violencia, este tipo de respuestas construyen algo más valioso que declaraciones: credibilidad, y esa credibilidad comienza a reflejarse en los números, consolidando a Torres Piña como un perfil que no sólo compite en las encuestas, sino que transmite capacidad real de gobierno en momentos críticos.
No es el único actor en la mesa, pero sí es, hasta ahora, el único que gana todas las simulaciones clave, y en política, cuando los números se repiten en distintos escenarios, dejan de ser casualidad y se convierten en tendencia.
La gubernatura de Michoacán aún no se decide, estamos lejos de comenzar lo verdaderamente duro de la operación política, pero si hoy se escribiera el prólogo, el nombre que aparece en letras más grandes es Carlos Torres Piña, y no es por discurso, sino por los datos duros.